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MENSAJES FUNDAMENTALES

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“También digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es señor de todo; mas está debajo de tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos siervos bajo los rudimentos del mundo…” (Gál. 4:1-6).

 

Una de las características muy particular de un niño de 16 meses, es el caminar sin rumbo definido. Va y viene, entra y sale, vuelve y se regresa, y todo ello es porque aún no se ha desarrollado en él la capacidad para fijar su rumbo, saber definir con certidumbre sus pasos y saber a dónde va.

 

Pablo apóstol, usa la analogía citada para ilustrar la manera en que actúa el cristiano cuando es niño, para enfatizar la importancia del crecimiento espiritual del hijo de Dios. Pues es normal que sea como un niño cuando “nace otra vez” en Cristo (Jn. 3:3-12), pero no es normal que se quede como niño sino que debe crecer. Una de las cosas vitales que debe aprender es precisamente el saber fijar su rumbo, marcar su meta y saber para donde va.

 

Si esta madurez se requiere de cada uno de los cristianos, con más razón se necesita que la haya en los predicadores de la Palabra de Dios porque, “si la trompeta (el atalaya) diere sonido incierto, ¿quién se apercibirá a la batalla?” (1 Cor. 14:8). Esto pues, nos constriñe a los ministros de Dios para que evaluemos día a día nuestras convicciones y estemos claros y seguros de que lo que estamos enseñando y predicando es lo fundamental y es lo que Dios quiere que anunciemos.

 

Movido por tanto, por este razonamiento, estamos nosotros también evaluando otra vez aquellas cosas que Dios ha puesto en nuestra responsabilidad que prediquemos y así para satisfacción nuestra como ministros de Cristo, para reconfirmación de nuestros hermanos y para información de aquellos que no lo supieren, enumeramos una vez más en forma breve los tres Mensajes Fundamentales que nos es imperativo anunciarle al mundo.

 

  1. DIOS ES UNO Y UNO SU NOMBRE (Dt. 6:4; Zc. 14:9). El mensaje principal del Libro Santo, la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis es Monoteísta, o sea la declaración Divina para la humanidad de que Dios es Uno. No dos dioses ni mucho menos tres, ni tampoco dos o tres personas como enseñan las doctrinas dualitarias y trinitarias. Los nombres y títulos con los que la Biblia llama o describe a Dios son muchos, incluyendo “Jehová” que es más común en el Antiguo Testamento. Pero en el Nuevo Testamento Dios nos revela Su Nombre, “que es sobre todo nombre” (Fil. 2:9), declarándonos que “no hay otro Nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12), Jesucristo el Señor.

    Entre los mil doscientos millones de humanos que en el mundo profesamos cristianismo, no menos de 95 % no entienden plenamente esto, pero… “¿Cómo, pues invocarán (el Nombre) de Aquel en el cual no han creído (o más bien, a quien realmente no han conocido)? ¿Y cómo creerán a Aquel (cuyo mensaje aquí declaramos) de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicaran si no fueren enviados (si no tienen la revelación del Solo y Único Dios)?” (Rom. 10:14-15).

 

  1. LA IGLESIA ES DEL SEÑOR JESUCRISTO Y ES SOLAMENTE UNA (Mt. 16:18). Todos los cristianos que hayan tenido la oportunidad de leer la Santa Biblia, tienen que reconocer que este mensaje es en ella básico e innegable. No puede haber dos, ni tres, ni más iglesias. Ciertamente las iglesias (congregaciones) locales son innumerables, pero aquí estamos tratando de la Iglesia del Señor en el sentido universal. El hecho que el llamado cristianismo esté fraccionando en miles de pedazos de diferentes tamaños y colores no mengua en lo mínimo la veracidad de la que aquí señalamos.

    Desde su establecimiento en el día del Pentecostés, la Iglesia del Señor ha sido UNA, sigue siendo UNA y lo será hasta el día en que el Señor Jesús aparezca en gloria para recogerla, conforme a Sus promesas. Su Iglesia no consiste en “cierta” o “cual” denominación u organización político-religiosa, comenzando desde la más grande hasta la más chica que reclame tener el monopolio de Dios y de Su salvación.

    Esparcidos entre ese mundo de confusión (Babilonia), están los integrantes de la verdadera Iglesia de Jesucristo. El Señor Jesús es quien conoce a cada uno y tiene la lista de la membresía de Su iglesia (2 Tim. 2:19; Lc. 10:20). El distintivo de ellos es que aman, viven en comunión y en santidad, y hacen justicia (I Jn. 3:10; Heb. 12:14).

 

  1. LA RELACIÓN DE LA IGLESIA CON ISRAEL (Rom. 11:25). Este mensaje vital, al igual que los anteriores, es tan amplio que aquí solamente nos reducimos a dar a conocer una idea general de ello. La advertencia del Espíritu en el Texto citado, ha tenido un terrible cumplimiento durante todos los siglos del cristianismo con sus consecuencias y fatales resultados. Es un porcentaje muy pequeño del cristianismo que reconoce y acepta en verdad la importancia vital de la relación que existe entre los cristianos gentiles y el pueblo Judío: entre Israel y la Iglesia.

    Pocos son, durante los siglos y hasta este presente día, los cristianos gentiles que han aceptado en todo lo que vale la declaración solemne hecha por el mismo Señor, cuando dijo: “vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud (salvación) viene de los Judíos” (Jn. 4:22). La gran mayoría del llamado cristianismo desconoce o sencillamente “ignora” esta tremenda verdad, y por eso precisamente está como está, desmembrado y lleno de odio.

    Nadie puede reclamar que es un verdadero cristiano sin amar a los Judíos, al pueblo de Israel. Porque la raza judía es la madre (Noemí), y la Iglesia entre los gentiles es la hija (Ruth), y una hija fiel nunca va a desconocer a su madre (Rt. 1:16), mucho menos va a maldecirla como lo ha hecho la iglesia apóstata.

    Este MENSAJE FUNDAMENTAL, multitudes de cristianos no lo han oído y es imperativo que lo oigan. ¿De quiénes? ¿De los que desconocen, o lo niegan, o voluntariamente lo ignoran? ¡No puede ser! Lo tienen que oír de los que lo entendemos y que amamos en verdad a Israel y al pueblo Judío del Esparcimiento (la Diáspora). La sentencia escrita en Génesis 12:3, sigue en pie. Pues hablando del pueblo de Israel, dice: “Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré”.

 

Estos tres MENSAJES FUNDAMENTALES Dios nos ha ordenado en forma imperativa que los anunciemos a costo de lo que fuere. No es posible dejar de hacerlo, “porque me es (nos es) impuesta necesidad; y ¡ay de mí (de nosotros) si no los anunciamos” (1 Cor. 9:16). Ciertamente que son muchos más los mensajes y enseñanzas sobre los que también debemos y podemos hablar y enseñar; pero estos tres, repetimos, son los MENSAJES FUNDAMENTALES sobre los cuales se basa toda la obra universal de Dios, y por nuestra parte les estamos reconociendo su respectiva prioridad. Estos MENSAJES FUNDAMENTALES no son cosas de niños. Son mensajes cardinales para los hijos de Dios quienes están en serio y quienes han alcanzado madurez.

 

Dios os bendiga.

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