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ESPÍRITUS DE ERROR

MANIFESTACIONES DE LOS ESPÍRITUS

 

PARTE 2

 

RELATO DE UNA EXPERIENCIA PERSONAL

 

Desde que el Señor me salvó en el año 1948, y me llamó para servirle, hasta el año de 1958, nunca tuve de experimentar manifestaciones sobrenaturales diferentes en el ambiente religioso de mis principios, con excepción de hablar en nuevas lenguas al recibir el don del Espíritu Santo. En todos los años que ministré en aquel tiempo, inclusive en el pastorado, oía a otros dar razón de ciertas o cuales manifestaciones, y yo siempre las anhelé, pero nunca las tuve.

Mas entrando el año de 1958, en que el Señor me trajo a pastorear la iglesia en Salinas CA, encontré que aquí existían las manifestaciones que yo había estado anhelando. Mas no teniendo experiencia sobre ese terreno, procuré y di amplio lugar a las operaciones espirituales, a grado de permitir que las profetizas gobernaran los cultos y aun muchas de las actividades cotidianas de los miembros.

Al principio de aquellos días yo estaba contento, creyendo y dando por hecho que el que estaba operando todas aquellas cosas era Dios. Mas al paso del tiempo, tuve de fijarme que muchas de aquellas manifestaciones no estaban muy de acuerdo con la edificación espiritual de la iglesia, antes por lo contrario, estaban provocando confusión y trayendo aun problemas entre la congregación.

Inclusive, hubo algunos de los que me ayudaban en el ministerio, que me dijeron que ya no estaban de acuerdo con todas aquellas operaciones extrañas, pero como yo aún seguía creyendo que aquello era de Dios, tenía temor de detenerlas, por cuanto creía que si lo hacía iba a ofender al Señor. Y en ese ambiente de confusión para muchos e inclusive para mí mismo, continúe sosteniendo aquello.

Por lo regular durante los cultos, a veces al principio y a veces a la mitad o al final, la “profetiza mayor” se levantaba hablando en lenguas y diciendo: ¡Oid!

Al oír aquello, yo siempre dejaba de hablar y hacía señas al pueblo para que también oyeran, y por lo regular empezaba el espíritu, diciendo: “Hijos míos, yo soy Jehová vuestro Dios, que os ordeno que hagáis esto o aquello”, etc.

En una noche, a mediados del culto, la profetiza se hincó al frente en el altar y empezó con la misma manifestación como muchas otras veces, mas ahora alzando la voz, levantó su mano derecha, y apuntándome a mí, que estaba puesto en pie tras el púlpito me dijo: “¡Yo Jehová tu Dios, a ti te digo, que tú estás en pecado!”. Yo me quedé congelado de terror creyendo que Dios me estaba condenando.

Cuando reaccioné, mirando la interrogación en el rostro de los congregados, todo lo que pude hacer fue pedirles que se pusieran en pie y que oráramos, puesto que no hallaba qué decirles. Enseguida los despedí y me fui a la casa sintiendo la misma muerte al pensar que era Dios quien me había condenado.

 

MI REACCIÓN SOBRE AQUELLA MANIFESTACIÓN

 

Por las siguientes tres noches yo no comí y casi no dormí, pidiéndole a mi Señor que me enseñara cuál era mi pecado. Me concentré con todo mi corazón y mente leyendo la Palabra de Dios en busca de una respuesta. Y estando en esa condición, el Señor me llevó a una Escritura sencilla y bien conocida: “Y los espíritus de los que profetizaren, sujétense a los profetas; porque Dios no es Dios de disensión, sino de paz; como en todas las iglesias de los santos” (1 Cor. 14:32-33).

Al estar leyendo esta Escritura, sentí fuertemente la liberación de parte de mi Dios, y empecé a darle gracias por haber realizado cuál es el orden divino. Algo tan sencillo pero fundamental, porque la verdad es que mientras el pastor anda con pasos rectos delante de Dios, haciendo justicia y amando a su hermano (1 Jn. 3:10), él es el profeta al cual se deben de sujetar los espíritus.

Ahora entendí que no era Dios el que estaba operando aquella confusión, sino que era el enemigo, usando inclusive, el sobrenombre “Jehová”, para hacernos creer que era Dios. Enseguida hice participantes a mis compañeros en el ministerio de lo que había entendido y aprendido, y los invité para que ayunaran juntamente conmigo, para luego orar por las profetizas, lo cual así hicimos, y ya no hubo profecía.

Desde entonces entendí que el Señor permitió que viviera aquellas manifestaciones terminando con el susto final, para que me afirmara en este terreno y pudiera ayudar a los santos, y de una manera más particular a mis compañeros ministros, lo cual he podido hacer ya por muchos años. Inclusive desde aquel tiempo, el Señor empezó a usar mi vida con un ministerio que no tiene nada de atractivo: Reconocer los demonios y echarlos fuera en el Nombre de JESUCRISTO EL SEÑOR.

Cuando el Señor empezó a usar mi vida para este tipo de ministerio, hace ya más de 40 años, al principio de ello no me sentía bastante seguro. Mas para este tiempo de mi caminar no tengo ni la más mínima duda, por cuanto ahora conozco bien a mi enemigo, y las diferentes artimañas que siempre ha usado y sigue usando hasta este día para confundir y trastornar a los fieles hijos de Dios.

Son muchos los santos quienes durante los años han pedido consejo e instrucción sobre este problema. Y teniendo hoy mismo peticiones de miembros y ministros para que les ayude, he sido movido por el Señor para hacer lo que nunca había hecho, es decir, escribir sobre este tema nada agradable pero necesario. Pues estas operaciones de confusión se han manifestado siempre, por lo regular, en nuestros medios entre las familias, congregaciones o grupos que no han tenido antes experiencias similares, provocando confusión las más de las veces a tal grado, que han destruido aun las vidas espirituales de muchos.

 

Pastor Efraim Valverde, Sr.

 

Comentarios  

# Andrea Alejandra Pallarés olvera 19-11-2020 17:11
Dios lo bendiga hermano si lo creo xq eh tenido muchas eesperencias similares aún las encuentro en iglesias que opinan q ya no debemos de inclinamos ah orar q Dios tenga misericordia de los q lo buscan
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