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¿ESPERAMOS UN RAPTO MISTERIOSO?

“Mire, mi hermano, usted puede ocupar efectivamente todo su tiempo predicando en las doctrinas básicas, como lo son el arrepentimiento, el bautismo en el Nombre de Jesucristo el Señor, sobre como el Espíritu

Santo de Dios en la vida se manifiesta por medio de los frutos (Gál. 5:22-26) y el don del Espíritu Santo por la evidencia de hablar en lenguas. También hablando sobre la santidad y muchas otras enseñanzas bonitas e interesantes que tenemos en la Palabra de Dios. Pero, ¿por qué tiene que estar echándose enemistades hablando en contra del “rapto”? Yo le aseguro que a la hora en que usted hiciere lo que yo le estoy aconsejando, muchos de los hermanos que hoy lo rechazan, enseguida lo van a recibir”. Así me decía hace algunos años pasados un hermano amigo mío, quien juntamente con muchos otros de nuestros hermanos en el Señor, está aun esperando en “el rapto”.

Naturalmente que para mí era y es imposible, el aceptar el sincero “consejo” de mi estimado hermano y compañero en el ministerio. Pero sus insinuaciones me hicieron pensar una vez más en el empeño del “dios de este siglo” (2 Cor. 4:4), para que no se hable del tema aludido. Siempre me ha llamado la atención, el ver que así como “el príncipe de este mundo” (Jn. 16:11) se opone fuertemente para que no se hable del mensaje de la Unicidad de Dios y del bautismo en el Nombre de Jesucristo el Señor entre el cristianismo “trinitario”, hace también lo mismo con “el rapto”. Y sobre este último, no solamente entre los creyentes en la “Trinidad”, mas también entre una grande mayoría de nuestros hermanos que tienen la revelación sobre la Unicidad de Dios.

Después de lo antes dicho, creo que el lector desea saber cuál es la poderosa razón que mueve al engañador para que se oponga en el grado descrito, y tiene razón en querer saberlo. La respuesta es algo extensa y, por lo tanto, me es imposible explicarla toda en unos cuantos renglones. Pero trataré, aunque sea en forma breve, de vaciar la mayor luz posible sobre esta interpretación bíblica falsa, que tantas tinieblas ha traído a la mente de multitudes de cristianos sinceros pero hoy engañados.

Para principiar, debo de señalar que la enseñanza del “rapto misterioso” no está en la Biblia. Para poder entenderla, el cristiano necesita leer libros escritos al respecto, o que alguien más le fomente esa enseñanza falsa en la mente. Al fijarse bien el cristiano que ha estado creyendo en “el rapto”, en los Textos bíblicos que se usan para ello, nada dicen en realidad de tal “rapto misterioso”. Los apóstoles nunca creyeron ni esperaron, ni tampoco enseñaron nunca, de tal “rapto”. Inclusive, ninguno de los ministros que continuaron después de los apóstoles, hablaron en lo absoluto sobre tal cosa. En ninguna de las muchas versiones que existen de la historia de la Iglesia, se da razón en lo más mínimo del ahora famoso y popular “rapto”.

La verdad es que la teoría del “rapto”, que está incluida hoy en las múltiples fases de la escuela de interpretación profética conocida como el “Futurismo” es relativamente moderna, puesto que tuvo sus orígenes en los años de la Contrarreforma Protestante. Un jesuita católico, de nombre Francisco Ribera, en sus interpretaciones proféticas en defensa del papado, a quien los protestantes señalaban como el anticristo, inició la idea de que todas las profecías del capítulo 7 de Daniel, de 2 Tesalonicenses 2 y de Apocalipsis capítulo 4 en adelante, tendrán su cumplimiento en un tiempo futuro, después de que la Iglesia fuere “raptada”. A mediados del siglo XIX, la interpretación jesuita del “rapto” tomó auge, “confirmada” por mensajes y revelaciones del espíritu (?) primeramente, y aceptada a continuación por las “autoridades eclesiásticas” de la Iglesia Anglicana de Inglaterra.

Ha pasado ya más de un siglo y medio, desde que la enseñanza falsa del “rapto” fue aceptada entre los círculos evangélicos y protestantes, y es en el siglo XX, precisamente, donde se ha hecho supremamente popular entre el ambiente cristiano de tipo pentecostés. Y esto no solamente entre los movimientos “trinitarios”, sino también en una gran mayoría de organizaciones creyentes en la Unicidad de Dios. Por cierto que estos últimos, recibieron en un tiempo u otro la “revelación del rapto”, no del cielo, sino entre los ambientes “trinitarios” y por las enseñanzas y escritos de estos mismos.

Yo mismo tuve la experiencia de haber sido enseñado en mis principios en esa interpretación que, como antes lo señalo, sencillamente no está en la Biblia. Por muchos años de mi ministerio, más particularmente en los que serví dentro de las organizaciones político-religiosas, yo mismo creí y enseñé la teoría del “rapto”. Pero hoy doy gracias a Dios, porque llegó el día en que El Mismo que en mis principios me reveló el misterio de la Divinidad, quiso también declararme por Su Espíritu Santo en Su Palabra, que NO HAY NINGÚN “RAPTO MISTERIOSO” enseñado en las páginas del Libro Santo. En cambio, las Sagradas Escrituras del Nuevo Testamento, tanto en las Palabras del mismo Señor Jesús como en los escritos de Sus apóstoles, dan razón de un acontecimiento maravilloso al final de los tiempos, y esto es nada menos que la Segunda Venida del Señor en gloria. Vuelvo a insistir que es imposible en unos cuantos renglones, el explicar con toda la amplitud necesaria todos los detalles y aspectos de este tema. Imposible es también el transcribir aquí, todas las Escrituras que pudiéremos citar con relación al mensaje aludido. Solamente menciono, para beneficio de algunos de mis hermanos que de Dios les fuere dado hoy el entender, la porción que el Señor usó de una manera muy directa y especial, para abrir mis ojos a la verdad sobre “el rapto misterioso”.

Primeramente, explico que uno de los Textos favoritos de los futuristas, es el que dice que el Señor viene “como ladrón de noche” (1 Tes. 5:2). Este Texto se usa como base para enseñar que el Señor se va a “robar a la Iglesia” en una desaparición misteriosa. Pues la idea central del “rapto”, es precisamente que la Iglesia se va a ir al cielo sin que nadie se dé cuenta. Según esa teoría inventada, se supone que el Señor vendrá a “raptar” a la Iglesia siete años antes de Su Segunda Venida.  Mas estando yo leyendo la parte Escritural que ya cité, allí mismo el Señor abrió mis ojos a la realidad, pues el apóstol Pablo dice enseguida: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón” (1 Tes. 5:4).

La verdad declarada en la Escritura citada, es que el Señor viene “COMO” ladrón, pero no porque viene a robar, sino porque VIENE A LA HORA EN QUE NO LO ESPERAN LOS QUE ESTÁN EN TINIEBLAS. Pues, repito, después continúa el apóstol Pablo diciendo a los fieles: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón” (1 Tes. 5:4), ya que los fieles vivimos continuamente “Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa (no de un ‘rapto misterioso’) del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” (Tit. 2:13).

Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios (no en un ‘rapto misterioso’ del que nadie se da cuenta), descenderá del cielo…” (1 Tes. 4:16). Y dice también que los impíos, “serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de Su potencia, cuando viniere (no siete años antes) para ser glorificado en Sus santos, y a hacerse admirable en AQUEL DÍA en todos los que creyeron” (2 Tes. 1:9-10). Insisto en que es imposible poder citar todas las Escrituras relacionadas al tema de la Venida del Señor, pero una cose sé, y esto es que “entenderán los entendidos” (Dn. 12:10), aun cuando la explicación fuere breve.

En otras ocasiones, en diferentes lugares y por diferentes medios, he hecho un reto en el amor del Señor a mis hermanos, el cual vuelvo a hacer con todo respeto, para probar con ello la seguridad que me asiste para decir que no hay “rapto”: Ofrezco pagar la cantidad que se me pidiere al individuo o personaje que fuere, dándole todo el tiempo que deseare, si me muestra dónde está en forma explícita el “rapto” en la Biblia. Los Textos Sagrados que alguien pudiere mostrar, tendrán de ser sin duda los que hablan no de un “rapto misterioso”, sino de la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo en Su gloria, cuando inclusive, “todo ojo le verá” (Ap. 1:7).

Al principio hago referencia a las razones que le han asistido al espíritu del mal, para esforzarse en propagar entre el cristianismo la idea de que la Iglesia se desaparece en un “rapto misterioso”, antes de la Segunda Venida del Señor. Lo primero, fue para defender a Roma. Lo segundo, ha sido para ocupar a los cristianos en fantasías irreales y así quitarles su atención de las cosas que son reales y necesarias de saber. La tercera y mayor razón, ha sido para fomentar entre el cristianismo un espíritu de complacencia y de descuido espiritual.

La teoría del “rapto” no viene sola, sino que está mancomunada con otras interpretaciones torcidas más, como lo es la hoy también popular enseñanza de que “la Iglesia está llamada para no sufrir tribulación”. Esto ha tenido un tremendo impacto entre el pueblo de Dios, pues ha producido “otro evangelio”. Un evangelio elegante de puras bendiciones, que quita del cristiano “el dolor del Calvario”, programando su mente para que viva en un mundo espiritual irreal e ilusorio. La prueba de lo dicho es nada menos que la presente condición espiritual mediocre y frívola que prevalece en nuestros medios, donde multitudes de profesantes cristianos viven como dijo el Señor: “este pueblo de labios me honra; mas su corazón lejos está de Mí” (Mt. 15:8). Esta realidad no la puede negar hoy ningún cristiano sincero.

Tengo en mis manos ahora, un libro titulado “88 Razones por las que el Rapto ocurrirá en 1988”, que aseguraba que “el rapto” de la Iglesia se iba a cumplir entre los días 11, 12 y 13 de septiembre de 1988. En este libro, el autor Edgar Whisenant, asegura que a él Dios le reveló el año (1988), el mes (septiembre) y la semana (Rosh-Hashaná), en que “el rapto” se iba a verificar. Whisenant aseguró inclusive, con una firmeza muy única, que así como Noé supo del diluvio siete días antes, como Abraham supo de la destrucción de Sodoma y Gomorra un día antes, como Israel supo del juicio que venía sobre Egipto y como los Magos del Oriente supieron del nacimiento del Niño Jesús en Bethlehem, así también a él Dios le había revelado las fechas de los acontecimientos que ya antes menciono.

El autor de ese libro, da razón de que él duró 15 años haciendo investigaciones en todos los aspectos imaginables, y duró 15 años para terminarlo. El libro tiene información y datos, a tal grado que Whisenant pensó que él iba a convencer hasta al más incrédulo. Entre el tiempo de la redacción del libro y de la distribución del mismo, pasaron cerca de 20 años. Así que esta profecía (falsa) estaba hace mucho en la mente de este “profeta”.

Al estar enterado de esta “profecía”, pude darme cuenta con suficiente anticipación, de que muchos cristianos, de todos sabores y colores, andaban asustados durante esos días. Inclusive, tengo en mis manos un artículo que salió en uno de los periódicos de la prensa secular un día antes de que fuera a suceder “el rapto”. Allí se da razón de la conmoción y de las diversas opiniones que esta “profecía” estaba causando entre la comunidad cristiana. Pero tan solo un día después de la fecha señalada en que no se cumplió “el rapto”, esta “profecía” ya era cosa de la historia, como a su tiempo también lo van a ser todas las enseñanzas falsas que por siglos y hasta hoy, ha creído un cristianismo incauto y, por lo consiguiente, engañado.

Cuando el libro llegó a mis manos, lo leí y se lo enseñé a todos los hermanos que me fue posible, y les dije que estuvieren pendientes con las fechas. Pues anticipé que esta era una oportunidad de parte del Señor, para comprobar a muchos de mis hermanos que han estado creyendo en la fantasía de un “rapto misterioso”, qué tan falsa es esta teoría.

Pero el autor del libro mencionado, no ha sido el único que ha señalado un año, mes y día en que el “rapto” iba a suceder, pues antes de él hubo muchos otros, y después de él siguieron habiendo más, pues aunado a esta fecha, donde el “rapto” se efectuaría en 1988, hubo muchos otros que también señalaron una fecha donde, según ellos, esta teoría del “rapto” (que es totalmente falsa, pues como pruebo, no se encuentra en la Biblia) iba a tener su cumplimiento. Cito a continuación algunas de las “profecías” más sobresalientes.

Después de que transcurrieran las 88 razones por las que el “rapto” ocurriría en 1988 (cosa que nunca sucedió), el mismo autor ya mencionado, Edgar Whisenant, salió ahora con un nuevo libro llamado “89 Razones por las que el Rapto ocurrirá en 1989”. Luego, un grupo coreano llamado “Misión para los Días Venideros”, causó un revuelo en la iglesia coreana en el otoño de 1992. Ellos profetizaron que el 28 de octubre de 1992 sería la fecha del “rapto”. La fecha estuvo basada en numerología.

Si el año 2000 es el fin del ciclo de 6000 años de la creación de la tierra, entonces el año 1993 es el año del “rapto”, de acuerdo con varios “profetas”, pero el año pasó y nada sucedió. Después, en 1994, en el libro “1994, el Año del Destino”, F. M. Riley predijo también la ocurrencia del “rapto”.

Cuando Rabin y Arafat firmaron el tratado de paz en la Casa Blanca el 13 de septiembre de 1993, muchos vieron el evento como el inicio de la “Gran Tribulación”. Y añadiendo los 1260 días de los que habla Daniel a septiembre de 1993, obtuvieron la fecha del 24 de febrero de 1997 (recordemos que el “rapto” debe ocurrir antes de la “Gran Tribulación”). Después, incluso hubo quienes, basados en numerología, “profetizaron” que el año 2000 ocurriría el “rapto”, pues si se divide 2000 entre 3, se obtiene el número 666.6666666666666. Pero el famoso “rapto” nunca llegó, por la sencilla razón de que es algo falso, nunca va a ocurrir porque no se encuentra en la Palabra de Dios.

Al decir y escribir todo esto, estoy a la vez orando a mi Dios, para que obre en las mentes de las multitudes de mis hermanos, de mi raza y de otras razas, quienes están aun creyendo en las mitologías “bíblicas” originadas por “el dios de este siglo” (2 Cor. 4:4), para que mi Señor los despierte a la realidad.

Por mi parte, vuelvo a repetir que reside en mi vida una convicción inconmovible con relación también, tanto en lo que toca a la doctrina de la resurrección como con todas las otras maravillosas verdades que Dios me ha revelado y encomendado para que anuncie. Hubo tiempos pasados en que me llegué a sentir solo, y aun a pensar que a lo mejor no era verdad lo que Dios me estaba enseñando. Pero eso ya está muy atrás. Ahora sé que ni estoy solo, ni tampoco tengo la más mínima duda de lo que ESTAMOS predicando y enseñando. Y digo “estamos”, porque de entre los que esto leen hoy, hay un buen número de mis hermanos y de mis compañeros en el ministerio que pueden decir ¡amen! a lo que digo aquí. Dios os bendiga, muy amados en el Señor, y también míos.

Concluyo pidiéndoles una vez más, que nos sigan respaldando tanto con sus oraciones como con su ayuda económica. Los que lo hacen, que mi Señor los ayude para que no se cansen. Y los que no lo están haciendo, que el Señor obre en sus sentimientos para que lo hagan. Pues necesitamos toda la ayuda que se nos pueda brindar.

El Señor los bendiga.

Pastor Efraim Valverde, Sr.

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