El misterio de Israel

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles; y luego todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad; y este es Mi pacto con ellos, cuando quitare sus pecados” (Rom. 11:25-27).

Mi abuelo, Refugio Valverde, un indio mexicano, entró a Estados Unidos en 1905, cuando mi padre (el cuarto de sus nueve hijos) sólo tenía 5 años de edad. En 1914 mi abuelo, quien hasta entonces era de “la fe católica”, mientras vivía en el grande valle del sur del estado de Texas, tuvo un estudio bíblico por primera vez en su vida. En ese mismo año, él aceptó al Señor Jesucristo como su Salvador e instruyó a sus hijos en esa misma fe.


En 1920, mi abuelo se mudó para la ciudad de Fresno, California, donde sus hijos crecieron y se casaron. Y fue ahí en 1928, cuando yo nací. En 1932, en medio de La Gran Depresión, mi abuelo, sus hijos, sus nietos y sus nietas, se mudaron a la ciudad fronteriza de Tijuana, México, donde viví los años de mi mocedad. Cuando tenía yo 13 años mis padres se separaron, y siendo yo el mayor de los hijos de mi madre, me salí de la escuela y me puse a trabajar para proveer lo necesario para mi madre y mis hermanos. Fue en esa edad de adolescencia, que fui introducido al pecado y viví toda mi juventud en los caminos de pecado del mundo.

En 1948, el Señor cambió completamente la dirección de mi vida. El día 14 de mayo del mismo año, en el mismo día en que fue establecido el Moderno Estado de Israel, conocí por primera vez a la mujer que por los últimos 50 años ha sido mi esposa amada. Fue en esos mismos días, que Dios hizo el milagro de cambiar mi vida con darme Su salvación. Poco después me casé, y junto con mi esposa, empezamos nuestro caminar con el Señor. Sin embargo, nadie nos dijo del gran cumplimiento profético que acababa de suceder: El establecimiento del Estado de Israel.

En 1950, mientras que aún vivía en México, empecé a servir al pueblo de Dios por medio del trabajo del ministerio y empecé a viajar. En los primero años, mis viajes eran regionales, pero pronto, también empecé a viajar por toda la República Mexicana, ocupando posiciones de prominencia en la organización religiosa en que serví. Luego a fines de 1957, en medio de mucho dolor, fue la voluntad de Dios que saliera de México. Inclusive, por cuanto nací ciudadano americano, experimenté problemas en el ministerio con el gobierno de México. En 1958, viviendo ya en California, tomé las responsabilidades pastorales en una congregación en Salinas. Al vivir en Estados Unidos, volví a ocupar posiciones regionales y nacionales en el ministerio.

Para 1963, como supervisor de más de 60 congregaciones en el norte de California, yo no sabía ni había escuchado nada sobre el “misterio” de Israel (Rom. 11:25-27). En ese año el Señor usó a cierto pastor, para compartir conmigo sobre un viaje que él había hecho a Israel recientemente. Su descripción de ese viaje despertó en mí un interés sobre Israel, Jerusalem y el pueblo Judío. Realicé entonces, que había yo caminado 15 años en el Señor, ignorando por completo sobre este “misterio” (Rom. 11:25-27). En 1966 organicé un viaje a Israel, pero no pude realizarlo porque fui electo obispo presidente de la organización a la cual había pertenecido. En esa posición ministerial continué incrementando mi entendimiento y seguí hablando sobre el “misterio” de Israel. La guerra milagrosa de los Seis Días en 1967, tuvo un profundo impacto en mí y confirmó las cosas que ya entendía sobre Israel.

Al viajar por todo Estados Unidos y Latinoamérica, seguí hablando de este tema al pueblo de Dios. Sin embargo, me sorprendí con la poca aceptación que este mensaje tuvo entre los cristianos, y más particularmente en el ministerio. Desde entonces, estoy completamente convencido de algo que hasta hoy me trae tristeza, y esto es el triste hecho que el espíritu demoniaco del antisemitismo opera entre el cristianismo. Pero, en lugar de desanimarme, esto me ha animado todavía más para continuar hablado sobre este “misterio” (Rom. 11:25-27).

En 1971, después de un conflicto doloroso con la denominación, el cual terminó con mi esposa fuera de su mente por más de un año, Dios me desconectó de la organización a la cual había servido por más de 21 años. Desde entonces he continuado ministrado libre de las barreras denominacionales, sirviendo al pueblo de Dios exclusivamente por “el amor fraternal” (Heb. 13:1). En febrero de 1972, como parte del Compañerismo Mundial, viajé a Israel por primera vez, y finalmente pude poner mis pies sobre la ciudad de Jerusalem. Fue ahí donde mi entendimiento fue abierto aun más sobre este “misterio” (Rom. 11:25-27), y otras verdades bíblicas.

Por todos estos años no he cesado (Is. 62:1) de enseñar al pueblo de Dios sobre la estrecha relación que existe entre la Iglesia gentil y el pueblo del Libro. Lo he hecho así por toda América y en otras partes del mundo por medio de mis escritos, la radio y todos los medios de comunicación que están a mi disposición. Y en estos últimos años, muchos pastores más de este ministerio y de esta fraternidad, han hecho prioritario el declarar el “misterio” de Israel (Rom. 11:25-27).

Espero en el Señor, que mi testimonio sirva para unir mi corazón con el de muchos de mis hermanos en Cristo el Señor. Con cristianos que han traído gozo a mi vida, cuando descubrí que ellos aman al pueblo Judío con el mismo amor que yo y los que están conmigo lo aman. En este tiempo, queremos también tomar parte en la forma en que podamos, y ayudar en el cumplimiento profético para que los Judíos de la Diáspora puedan regresar a su casa, la Tierra Prometida, la Tierra de Israel.

Dios te bendiga.
Pastor Efraim Valverde, Sr.

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