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BAUTISMO EN EL NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

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La doctrina del bautismo es un tema de importancia capital, y se ha considerado como tal durante todos los siglos que han pasado desde que la Iglesia fue fundada por nuestro Señor Jesucristo.

Pues Él mismo dio prominencia a este sacramento cuando lo ordenó, diciendo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Mr. 16:16), y: “Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19). Además, Él mismo enfatizó la importancia del bautismo, encaminándose hasta el Río Jordán (donde Juan bautizaba) para ser bautizado, diciendo: “Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia” (Mt. 3:15). 

Muchos líderes religiosos, en el tiempo presente, enseñan que el bautismo no es algo de importancia, contradiciendo así al mismo Señor a quien profesan obedecer y servir, haciendo lo mismo que hicieron “los Fariseos y los sabios de la Ley (que), desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él (Juan) (Lc. 7:30). Pero, en fin; este breve estudio no va dirigido a los que fueren contrarios, sino a los cristianos sinceros, quienes con un corazón limpio y sencillo quieran obedecer a la Palabra de Dios; obedecer a aquello que ordena el Señor directamente y por instrumentalidad de Sus apóstoles, a quienes a Su vez autorizó, diciendo: “el que os recibe a vosotros, a Mí recibe” (Mt. 10:40). Agregamos además que, al insistir sobre el tema del bautismo, no es con el fin de conseguir adeptos para cierta o cual denominación u organización religiosa, sino para que el cristiano obediente (sea quien fuere y estuviere donde estuviere) reciba de Dios la plenitud de Su salvación. Por tanto, estando claros en estas verdades básicas, pasemos ahora a considerar las siguientes preguntas.

¿Para qué es el bautismo?

El Señor dijo que “el que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Mr. 16:16). En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo dijo por labios de Pedro: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros… PARA PERDÓN DE LOS PECADOS” (Hch. 2:38). Pablo, hablando del sacrificio del Señor, dice que se entregó por Su Iglesia “para santificarla LIMPIÁNDOLA en el lavacro del agua (bautismo) por la Palabra” (Ef. 5:26). Pedro, hablando de la salvación de Noé por agua en el arca, dice: “A la figura de la cual EL BAUTISMO que ahora corresponde NOS SALVA” (1 Ped. 3:21).

¿Cómo se administra el bautismo?

Pablo nos explica que el bautismo es a la figura del que habiendo muerto es sepultado, pues nos dice: “¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en Su muerte? Porque somos SEPULTADOS juntamente con Él a muerte por el bautismo” (Rom. 6:3-4). Y otra vez, nos dice también que somos “SEPULTADOS juntamente con Él en el bautismo, en el cual también resucitasteis con Él” (Col. 2:12). De acuerdo con estas Escrituras, el bautismo es una sepultura simbólica donde el creyente, ya muerto para el mundo (arrepentido), es sepultado en las aguas, y sale de ellas para andar en una nueva vida en Cristo. Por lo tanto, EL BAUTISMO DEBE ADMINISTRARSE POR INMERSIÓN, sumergiendo el cuerpo del penitente completamente en el agua, conforme al dechado que nos marca el mismo Señor, quien entró al Río Jordán para ser bautizado: “Y Jesús, después que fue bautizado, SUBIÓ LUEGO DEL AGUA” (Mt. 3:16). De igual manera, cuando Felipe bautizó al eunuco Etiope, dice que “DESCENDIERON ambos AL AGUA, Felipe y el eunuco; y bautizóle. Y como SUBIERON DEL AGUA…” (Hch. 8:38-39).

¿Qué nombre se invoca en el bautismo?

El Señor mandó a Sus discípulos que bautizaran a los gentiles “en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19), y cuando los apóstoles pusieron por obra el mandamiento del Maestro, bautizaron a miles de creyentes en EL NOMBRE DE JESUCRISTO. Ellos no desobedecieron al Señor, como hay quienes se han atrevido a decir, sino que antes bien, ejecutaron fielmente lo que se les ordenó, por la razón de que entendieron que “el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, es JESÚS EL SEÑOR, y que ÉL ES UNO. Entendieron cuando el Señor dijo: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Jn. 14:9). Entendieron que “Dios ha sido manifestado en carne” (1 Tim. 3:16). Entendieron que EL SEÑOR JESÚS ES EL MESÍAS DE ISRAEL, y que no podía ser otro sino el mismo Dios, porque no hay más que un Dios (Dt. 6:4; Is. 44:6). Entendían que sólo el Dios “YHWH” puede salvar, y les fue dada revelación para entender que EL SEÑOR JESÚS es el mismo Dios, pues EL NOMBRE de Dios dado a los hombres para ser salvos es el Nombre del Señor JESÚS (Hch. 4:12). Es el “Nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:9), del cual estaba profetizado: “Y será que cualquiera que invocare el Nombre del Señor, será salvo” (Jl. 2:32). Las siguientes citas bíblicas dan testimonio de que los creyentes originales de la Iglesia fueron todos bautizados invocando EL NOMBRE DEL SEÑOR JESUCRISTO, y nunca en los títulos “Padre, Hijo, y Espíritu Santo”: Hch. 2:38. 8:16. 10:48. 19:5. 22:16; Rom. 6:3; Gál. 3:27. El bautismo, invocando los pronombres “Padre, Hijo, y Espíritu Santo” no se usó en el tiempo apostólico ni en los primeros siglos de la Iglesia, sino que fue una interpretación posterior que vino juntamente con todas las demás doctrinas falsas, fruto de la apostasía, y que fueron aceptadas y confirmadas por el Concilio de Nicea en el año 325.

¿Para quién es el bautismo por inmersión, invocando el Nombre de Jesucristo?

Lea usted mismo la respuesta: PARA LOS JUDÍOS (Hch. 2:36-38); PARA LOS SAMARITANOS (Hch. 8:14-16); PARA LOS GENTILES (Hch. 10:45-48); PARA LOS CREYENTES YA ANTES BAUTIZADOS CON OTROS BAUTISMOS (Hch. 19:1-5); “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; PARA CUANTOS EL SEÑOR NUESTRO DIOS LLAMARE” (Hch. 2:39).

Para finalizar, estimado hermano y amigo, si usted ama al Señor y es uno de aquellos a quienes les interesa estar bien seguros de la salvación de su alma, le invitamos atentamente en el amor de Cristo el Señor, para que piense detenidamente en este importantísimo tema doctrinal, y que también considere que no se trata solamente de algún argumento de tipo denominacional, sino que se trata de una ordenanza señalada muy específicamente por el mismo Señor nuestro, Jesucristo, quien dijo: “el que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Mr. 16:16).

 

Pastor Efraim Valverde, Sr.

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