Efraim Valverde Sr.
Chambersburg Pennsylvania 9,10 Y 11 DE MAYO
San Diego CA 17 DE MAYO
La Paz BCS 16,17 Y 18 DE MAYO
Villa Nueva HONDURAS 29,30 Y 31 DE MAYO
Salt Lake City UTHA 13,14 Y 15 DE JUNIO
Col Guerrero MEXICO 25,26 Y 27 DE JULIO
Mexicali BCS 31 DE OCTUBRE Y 1 DE NOV.
MATEO 20: 25-28
Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad.
Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor; Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo:
Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
CONTINUA....
De entre las varias escuelas de pensamiento, en el terreno de la interpretación profética, hemos ya mencionado la más popular y mejor conocida que se ha distinguido a sí misma con el nombre de futurismo. Esta forma de interpretación se singulariza por un distintivo negativo muy especial y éste es, como su nombre lo indica, que niega el cumplimiento de profecías bíblicas que ya se han cumplido, o que se están cumpliendo hoy, y en cambio, enseña a sus intérpretes que éstas habrán de cumplirse aun en un futuro incierto e imaginario. Entre las escrituras proféticas así interpretadas por el futurismo están muy particularmente, las que tratan con el personaje que se describe en las Sagradas escrituras con el seudónimo de "anticristo". Siendo que el tema del anticristo está ligado invariablemente con todos los demás temas de carácter profético, su estudio está entreverado en tal forma y a tal grado con estos últimos, que se presta fácilmente para que se saquen deducciones falsas, erróneas o imaginarias. Esto es precisamente, lo que ha hecho el futurismo en estos últimos siglos, dando así de comer espiritualmente "mitologías y fantasías cristianas" a multitud de creyentes incautos; la mayoría de éstos han recibido y aceptado sin objeción, las enseñanzas del futurismo sin detenerse a investigar a la luz de la Palabra de Dios, si tales enseñanzas son verdaderas o falsas. Por lo tanto, entendiendo por nuestra parte que la mayoría de los razonamientos de esta escuela de interpretación bíblica son ilógicos, procedemos en este estudio precisamente, a refutar con la misma Palabra de Dios y con razonamientos lógicos e innegables, la cadena de interpretaciones torcidas que el futurismo enseña. Pues nos consta que tales enseñanzas han producido, para estos tiempos, una grande confusión en las mentes de muchos enseñadores de la Palabra de Dios, y por consiguiente, también en las mentes de multitud de profesantes cristianos, sinceros ciertamente muchos de ellos, pero enseñados incorrectamente. Es innegable el hecho de que es fuerte y poderosa la influencia que ejerce hoy en las mentes de un gran segmento del cristianismo, la interpretación errónea que enseña que el anticristo es un personaje misterioso que está aún por venir. Esto lo enseñan hoy distinguidos maestros y teólogos, en colegios y seminarios bíblicos de las antiguas y grandes organizaciones religiosas de entre el cristianismo protestante, pero de igual manera lo creen y lo enseñan hoy también un gran número de organizaciones y movimientos de tipo pentecostal, de diferentes tamaños y tintes doctrinales. Como resultado de lo dicho, multitud de cristianos hoy de diferentes credos y diversas corrientes doctrinales están esperando, con una especie de ansia morbosa, la aparición repentina del anticristo del futurismo; pues en la interpretación popular aludida, este personaje de que la Biblia nos habla "es una especie de súper-hombre de una ascendencia especial, engendrado directamente por Satanás en una mujer muy extraña y el cual cuando aparezca, va a hacer cosas portentosas, espantosas y terribles". Influenciadas sus mentes con estas y otras "fantasías cristianas" más, multitud de cristianos desconocen hoy las realidades proféticas que están a su alrededor cumplidas y cumpliéndose, y caminan así soñando y esperando en algo irreal e ilusorio. Se han escrito muchos libros y se ha editado, hasta hoy, mucha literatura describiendo la vida y hechos fantásticos de ese personaje imaginario que el futurismo ha enseñado, que es el anticristo. Algunos de los libros mencionados están escritos en forma de novelas ficticias y por demás absurdas. En cambio, hay otros que están editados con toda la seriedad y formalidad literaria religiosa correspondiente, escritos por distinguidos y prestigiados maestros y teólogos de entre el cristianismo. Por otra parte, se han filmado películas profesionales, además de los populares documentales "cristianos", en los que se describe con todo lujo de detalles lo que ese futuro anticristo va a hacer. Las fantasías así presentadas aparecen tan convincentes que inducen a las cautivas audiencias a aceptarlas como la realidad misma de la Palabra de Dios. Los promotores de estas "mitologías cristianas" justifican sus ficticias presentaciones señalando que es necesario "hacer pensar" a los pecadores, para que teman más bien para que se asusten y así se arrepientan. Y ciertamente logran temporalmente su intento al hacer que éstos se sientan por un rato sobrecogidos de terror, pero eso es todo y nada más. Entre el profesante cristianismo, circulan hoy folletos y tratados ilustrados en los que se pinta al anticristo de la "mitología cristiana" sentado en un trono también imaginario, en Jerusalem. Allí recibe, según las enseñanzas del futurismo, la adoración de la humanidad entera, la cual se acerca para recibir de él, a su vez "la marca de la bestia" o sea el número 666. Todo esto se enseña por cierto, que habrá de acontecer después de que la Iglesia se desaparezca en un "rapto misterioso", el cual es a su vez otra teoría, fruto también de las alucinaciones de los intérpretes futuristas. A tal grado ha llegado la obsesión que esta propaganda ha fomentado en las mentes de un grande número de profesantes cristianos en estos tiempos, que muchos de ellos le están dando hoy la misma importancia -y a veces parece que hasta más-a la aparición del anticristo, que a la Segunda Venida en gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Pues, movidos por la obsesión ya mencionada, esperan a cada día con un interés morboso, que raya en lo absurdo, la aparición de ese súper-hombre carismático y fantástico como lo es el anticristo del futurismo. Y así buscan continuamente el identificarlo, tratando de personificarlo en este o en aquel personaje distinguido con prominencia mundial religiosa o secular, tanto en los personajes históricos como en los de la actualidad. Son incontables los predicadores y narradores bíblicos quienes, para confirmar las teorías del futurismo describen, tanto en los púlpitos como por medio de sus escritos o por sus programas de radio y televisión, acontecimientos e historias ficticias (la mayoría de las cuales rayan en lo ridículo y aun en lo absurdo). Les dan razón, a sus oyentes o lectores, de fábulas tales como; "ya nació en cierto lugar misterioso del Medio Oriente, un niño muy extraño…", o "alguien, en un viaje anónimo, estuvo en un palacio escondido, donde un personaje muy raro está mezclando allí cierta clase de tinta indeleble…", o también últimamente; "en cierta ciudad de Europa ya está instalada una monstruosa computadora, con la que el anticristo, que será el dictador del Imperio Romano restaurado, va a marcar con rayo láser a sus súbditos y a la humanidad entera…". "El misterio de iniquidad" Después de señalar en forma clara -y alguien pudiera decir con razón que también con un poco de sarcasmo-algunas de las interpretaciones y declaraciones erróneas y absurdas del futurismo, pasemos ahora a considerar, en una forma seria y concienzuda, quién es en realidad "el anticristo". La fuente, no solamente principal sino aun suprema en que debemos de basar nuestros razonamientos, es naturalmente la Santa Palabra de Dios; pues si nos saliéramos de ella, vendríamos a caer en el mismo error que estamos tratando aquí de reprobar. Conscientes pues, de esta importantísima verdad consideremos ahora lo que la Sagrada Escritura nos dice al respecto. En la Palabra de Dios se nos habla, ciertamente de esa operación contraria a todo lo que es bueno, a todo lo que es de Dios. Desde el Edén, encontramos un cuadro que continúa repitiéndose en incontables veces y lugares, en diferentes formas y situaciones. Al principio, esa operación de engaño y contraria a Dios se presenta como "la serpiente". Para el tiempo en que el Libro Santo se cierra con la revelación dada por Dios a Juan el apóstol en el Apocalipsis, los nombres con que se nombra la operación contraria aludida, tanto los explícitos como los implícitos, se multiplican a tal grado que no es fácil, ni tampoco tiene caso el tratar de enumerarlos aquí. Los nombres del Dios Eterno nos es una honra el describirlos, pero no así los de "el dios de este siglo", el enemigo de Dios y nuestro. Entre los nombramientos explícitos con que se nombra a la operación contraria, está el seudónimo de "anticristo". Para poder conocer en verdad al personaje aludido es invariablemente necesario el analizar primeramente el significado del sobrenombre "anticristo", lo cual no es difícil pues éste está compuesto de dos términos: el prefijo "anti", y el sufijo "cristo". El término "anti", en este caso implica dos cosas o dos acciones: La una es: "en contra"; la otra: "en lugar de". La palabra "cristo" quiere decir "ungido" y es la que, en forma singular, es usada en el Nuevo Testamento para describir el ministerio terrenal del Señor Jesús. La palabra "cristo" es de raíz griega y su equivalente en hebreo, en el Antiguo Testamento es: "Mesías". Por lo tanto, el anticristo es alguien que está por una parte, "en contra del Ungido", y por la otra, está "tomando el lugar del Ungido" o sea, presentándose como que él es el Ungido. El anticristo es nombrado en forma explícita sólo cuatro veces en la Sagrada Escritura, y esto nomás en las epístolas de Juan el apóstol (1 2:18, 22 y 4:3; 2 1:7). En todas las demás escrituras, la descripción de este misterioso personaje es implícita, o sea, se deduce que se está tratando de él. Por esta razón, repito, esto se presta para que fácilmente se saquen interpretaciones falsas o erróneas como lo que ha hecho el futurismo y de lo cual nos ocuparemos en considerar más adelante. Por lo pronto, en las escrituras citadas aquí, podemos entender claramente quién es al que el apóstol Juan llama "anticristo". Todo lo que tenemos que hacer es analizar con todo detenimiento y con un corazón abierto lo que nos dicen los textos referidos. Primeramente, consideremos lo que se nos dice de los "anticristos", en forma plural: "Hijitos, ya es el último tiempo: y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado a haber muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo" (1 Juan 2:18). Aquí el Espíritu Santo, por medio del apóstol, nos habla de los vasos usados por el anticristo, que eran ya "muchos" para el tiempo cuando Juan escribió esto hace ya 19 siglos. Y si en el tiempo de Juan los anticristos ya eran "muchos", ¿qué tantos más serán ahora después de más de 19 siglos? Concluimos pues aquí que en el caso de los humanos usados por el anticristo, no se trata de un cierto hombre solamente, sino de "muchos", de "anticristos"en plural. En cambio, en los cuatro textos anteriormente citados, podemos ver que se nos habla claramente de "el anticristo", en singular. El notar la diferencia que existe aquí es algo de suprema importancia pues hallamos precisamente en esto, una clave poderosa para poder resolver este misterio, misterio que en este caso, es el mismo "misterio de iniquidad" de que nos habla también Pablo (2 Ts. 2:7). Al comprender lo explicado, es posible entonces desenmascarar a ese misterioso personaje y entender así que "el anticristo" no es un ser humano, ni mucho menos un hombre en lo singular, sino que es "un espíritu"; un espíritu negativamente poderoso por cierto, que ha usado y sigue usando hasta hoy a muchos vasos humanos en todos los ambientes, particularmente entre el profesante cristianismo. La declaración de Juan es por demás clara cuando leemos lo que dice al respecto: "En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo (Dios) es venido en carne es de Dios. Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo (Dios) es venido en carne, no es de Dios. Y éste es el espíritu del anticristo (singular), del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo". El anticristo, de acuerdo con la declaración de la escritura, es por tanto "un espíritu". No es el súper-hombre misterioso de la fantasía futurista que viene en un futuro incierto y nebuloso, sino un espíritu que "ya está en el mundo". Así lo declaró aquí el apóstol Juan, bajo la inspiración del Espíritu Santo, hace ya más de 19 siglos. Ahora, la lógica pregunta que alguien, quien reconociendo y aceptando la declaración aludida, se pudiere hacer es: ¿Y cuándo vino o principió el anticristo? La respuesta a esto es muy fácil y obvia. Ya explico antes el significado o etimología del término "anticristo" y basados en ello podemos entonces, entender el siguiente razonamiento: La obra redentora de Dios, prometida para todo el mundo por medio de Sus profetas, fue manifestada por medio de "Su Ungido" (Isaías 61:1); por medio del "Mesías" (Dn. 9:25 y 26); por medio de CRISTO, el Señor (Lc. 4:18). Dios, en su aspecto infinito e invisible como el Espíritu Eterno, siempre ha sido, es y será el mismo (He.13:8). Mas su operación de redención universal la inició cuando "estuvo en Cristo reconciliando al mundo a sí" (2 Co. 5:19). Su manifestación como EL CRISTO (El Ungido) comenzó hasta entonces. Por su parte, el espíritu del mal "el príncipe de este mundo" (Juan 14:30), "el dios de este siglo" (2 Co. 4:4), para señalar algunos de los títulos y funciones de Satanás, quien es el anticristo, no empezó en el tiempo del Nuevo Testamento. Éste fue creado por Dios en los tiempos remotos de la eternidad (Is. 14:4-21 y Ez. 28:12-19). Su obra como "el tentador" y su operación como "el engañador" principió desde el huerto del Edén, como ya lo mencionamos. Pero su función como "anticristo", obrando en contra de CRISTO o haciéndose pasar como CRISTO, no podía manifestarse naturalmente sino hasta que principiara la obra de CRISTO (Ungido, Mesías). Lo dicho anteriormente nos conduce a otro razonamiento básico e innegable: Cuando empezó la obra de CRISTO, el Señor, empezó la obra del anticristo; cuando empezó a ser usado el término "CRISTO", implicando la redención de Dios, empezó también a funcionar el diablo en su carácter de anticristo, implicando su operación impostora o contraria hacia la redención del Eterno. En el Antiguo Testamento, Satanás no podía funcionar como el anticristo por la sencilla razón de que todavía no se había manifestado Cristo, el Señor. Y sin haber CRISTO, no podía haber anticristo. Este personaje, por lo tanto, a la luz de las Escrituras que ya hemos considerado, no es el ser imaginario que el futurismo presenta como un súper humano fantástico. La incógnita y el misterio cesan cuando nos convencemos que el anticristo es nada más y nada menos que el diablo, Satanás, "el dios de este siglo". En vía de comentario, para cerrar este capítulo, digo que ciertamente es increíble el ver qué tan fácil acepta la mente humana los mitos y fantasías y qué difícil es, en cambio, que vean y crean las verdades declaradas en el Libro de Dios. Pero lo más triste y penoso para los que estamos despiertos a la realidad, es el ver que entre los que creen a todos lo cuentos e historias ilusorias del futurismo, están los cristianos que profesan haber recibido re-velación para entender que Dios es Uno; cristianos que han invocado ya el Nombre maravilloso de Jesucristo, el Señor, en las aguas del bautismo. Creyentes quienes, inclusive, dan testimonio de que han recibido de Dios el don de su Espíritu Santo. Doloroso nos es, repito, el ver a éstos creyendo también lo que la Biblia NO dice y esperando, juntamente con los demás, al anticristo imaginario de la fantasía futurista. Lo dicho se aplica no solamente a uno o dos grupos "creyentes en El Nombre", sino a un gran número de movimientos y organizaciones de diversas lenguas y nacionalidades. Por nuestra parte hemos estado relacionados posteriormente en un sentido mundial. Al estar con ellos les hemos oído, y seguimos oyendo hasta hoy, enseñar y defender interpretaciones proféticas erróneas que aquí refutamos. Al observar lo dicho, no podemos menos que sentir dolor, recordando que hubo un tiempo en que algunos de los que hoy estamos despiertos a la realidad estuvimos también creyendo, y aun enseñando, las teorías ilusorias aludidas. PASTOR: EFRAIM VALVERDE, SR.