DÍA DE INDEPENDENCIA - JULIO 4, 2003
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- Publicado: Sábado, 04 Julio 2026 18:16
- Escrito por Esteban Trujillo

Hace 23 años, en la primera hora de aquel verano del 3 de julio, mi abuelo (pastor Efraim Valverde, Sr.) nos tuvo cautivados en su recámara a un pequeño grupo de hombres, platicándonos su testimonio.
Mi abuelo, apasionadamente articulaba en detalle cada momento desde que el Señor lo llamó, y las muchas ocasiones en que Él le había manifestado Su glorioso poder a su vida y ministerio. Nos mantuvo atentamente atraídos por su testimonio, hasta llegar el alba, a principios de la madrugada de ese verano. Durante este tiempo, reímos y lloramos juntos. Esta sería su última salida del sol sobre esta Tierra (hasta el día glorioso de la resurrección de los hijos de Dios, 1 Tes. 4:13-18). Esa madrugada que estuvimos hasta el amanecer, siempre será especial para mí y por siempre estará marcada indeleblemente en mi mente y en mi corazón.
Unos días antes de terminar su vida en este mundo, mi abuelo me preguntó qué día era. Al saber que se acercaba el 4 de julio, dijo: “Será un buen día para dejar este cuerpo y estar con el Señor”. Y así fue. La madrugada del 4 de julio, partió de su cuerpo para estar presente al Señor. Fue su “Día de Independencia”, algo que él predicó con pasión toda su vida: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).
23 años han pasado, recordando las veces que puso sus manos sobre mi cabeza para orar por mí, desde que nací hasta su última madrugada, fueron marcando mi camino. Su trabajo como abuelo y hombre de Dios se completó, pero su mensaje sigue vivo.
Sus últimas palabras fueron las de nuestro hermano Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe…” (2 Tim. 4:6-8). Que el Señor nos permita decir lo mismo cuando llegue nuestra partida.
Debemos anhelar nuestro propio “Día de Independencia” y, mientras llega, hay que depender totalmente de Dios; sin Él, no somos nada.
Honro a Dios al honrar a mi abuelo. “Pa”, te extraño mucho. Gracias por tu vida, enseñanza, ejemplo de dedicación, fidelidad, pasión y amor para Dios y para mí. Gracias, Señor, por haberme dado el mejor abuelo.
Pastor Efraim Valverde III.